sábado, 25 de junio de 2011

the hangover part II (¿qué pasó ayer? parte II)


Encontrar una forma de valorar objetivamente una película es a veces un suplicio mucho más grande de lo que la gente imagina, y si bien no creo que exista tal cosa como la objetividad absoluta, es bueno de cuando en cuando hacer el ejercicio. Los aspectos técnicos de una película son fácilmente valorizables  con objetividad, sin duda, pero cuando llega la hora de hablar del film en su conjunto, la tarea se complica. Existe sin embargo un afortunado lugar en el que esta dificultad desaparece: la comedia. Y es que pocas cosas resultan más sencillas que realizar la valoración de una comedia, aunque sea en términos muy simplistas: si me río es buena, si no me río es mala.
Esta introducción me resulta pertinente sobre todo a la hora de reseñar una película como The Hangover Part II, que considero, será recordada por dos aspectos puntuales: 1) ser una copia casi textual de la primera parte, y 2) hacer reír tanto o más que su predecesora sin esforzarse demasiado.
En The Hangover Part II, Stu (Ed Helms) listo para casarse en Tailandia, invita al resto de la “wolfpack” a la boda. Negado a una despedida de soltero, acepta tomar unos tragos con sus amigos en la playa. La acción se retoma a la mañana siguiente, cuando Stu, Phil (Bradley Cooper) y Alan (Zach Galifianakis) despiertan sin recuerdo alguno de la noche anterior y empiezan a reconstruir sus pasos para encontrar al futuro cuñado de Stu.  Este es el argumento de The Hangover Part II y es, efectivamente EL MISMO que el de The Hangover (2009). No solo la historia es exactamente la misma, también lo son los giros argumentales, la estructura, las revelaciones, el final con fotos…hasta el lugar donde encontramos al cuñado es un análogo de la primera parte. Entonces ¿cómo es posible que uno no salga de la sala cargado de ira y con la impresión de haber sido profundamente estafado? Sencillo: se entra a ver esta película esperando la risa, y se sale con esa expectativa colmada y superada.
Si The Hangover había sido un éxito en ignorar cualquier convención políticamente correcta y de “buen gusto” en comedia, esta segunda parte asume la carga de su predecesora y aniquila de plano los conceptos de lo mostrable en cine de humor en su primera media hora. El director Todd Phillips (The Hangover, Due Date) sabe que no puede arriesgarse a quedarse al nivel de la primera, debe ser más atrevido, más ordinario, más desenfrenado, y arremete contra este desafío elevando entre otras cosas, la carga gráfica de la película, buscando la patada en la cara del espectador y dirigiendo comedia como si de cine de acción se tratara (varias secuencias lo son de hecho). El humor más “inocente” queda en manos de Galifianakis, gigantesco repitiendo su papel de Alan.
Donde la película hace quizás más aguas, es en su último tercio, cuando se debe resolver forzosamente el paradero del cuñado de Stu, y no quedan ya espacios libres para que el trío se luzca como al principio de la búsqueda. El factor repetitivo del desenlace carga un poco el acto final y baja considerablemente las revoluciones del público, que afortunadamente cuenta con la secuencia de créditos para irse con una gran sonrisa en la cara.
Es difícil decir si una tercera entrega en la que se repita esta formula pueda llegar a dar resultado, pero tampoco lo hubiera dicho de una segunda, y tuve que rectificarme. Esperaré al 2014 para ver que pasa

3.5/5.0

Gracias por leer, son un público maravilloso
Gonza

viernes, 24 de junio de 2011

x-men: first class (x-men: primera generación)


Las historias de orígenes de personajes ya existentes siempre suponen asumir ciertos riesgos por parte de los cineastas. Principalmente, el riesgo de exponerse a los grupos de fundamentalistas que se preparan para atacar un film frente a cualquier tipo de libertad creativa que lo separe del material original (me vienen a la mente hordas de niños con capa, lentes y varita pidiendo la cabeza del Alfonso Cuarón).
X-Men: First Class es una de esas películas que decide aceptar los riesgos, y entrega a cambio una pieza que, separándose radicalmente del canon de los cómics, devuelve la vida a una franquicia casi agonizante luego de sus últimas dos entregas. Ubicada temporalmente en plena crisis de los misiles en Cuba, X-Men: First Class narra la creación del grupo de mutantes a cargo del Profesor Charles Xavier (James McAvoy) y el inicio de la relación que devendrá en su enemistad con Erik Lehnsherr, Magneto (Michael Fassbender).
El acierto del director Matthew Vaughn (Kickass, Stardust) es el de hacer lo que X-Men 3: The Final Stand y X-Men Origins: Wolverine no hicieron: priorizar la construcción de personajes y convertirlos en el motor que hace avanzar la acción y no al revés. De esta forma, Vaughn se toma prácticamente la mitad de la película en presentar y elaborar a Xavier y a Magneto y su relación, profundizando las diferencias que los convertirán en rivales, y enfatizando sutilmente en sus ideologías el paralelismo que planteaba Stan Lee al crearlos con Martin Luther King y Malcom X respectivamente. De particular interés en este esfuerzo, es la actuación de Fassbender, que dota de toda la ambigüedad necesaria al personaje de Lehnsherr, y permite además hacer una interesante relectura de las entregas anteriores de la franquicia, puesto que, en definitiva, First Class no es un re-lanzamiento de la serie, sino una prequela que se conecta directamente con las películas previas. Atestiguan esta intención algunos cameos que no voy a revelar aquí, pero principalmente, la escena inicial, extraída directamente de X-Men (2000) y editada para agregar a Sebastian Shaw (Kevin Bacon).
Este nexo con las anteriores entregas de la serie, viene acompañado además por quien, en mi humilde opinión, es en parte responsable de devolver la franquicia al nivel de las dos películas originales: el GRAN Bryan Singer como productor y autor. Bryan Singer es también co-autor y director de X-Men y X2, pero es por sobre todo, un amante de los cómics que entiende que lo que volvió fascinantes a los alumnos del Profesor X son sus interacciones antes que las inmensas batallas épicas. Sabiendo entonces que el éxito de First Class reside esencialmente en la correcta construcción de la enemistad entre los dos mutantes principales, Vaughn y Synger ensamblan un grupo de X-Men carente de “pesos pesados” como lo fuera el primer equipo de Xavier en los cómics (con Cyclops y Jean Grey entre otros) y traen a personajes como Havok o Banshee, conocidos principalmente por los fanáticos. El experimento funciona correctamente, ya que estos mutantes permiten agregar la cuota de acción necesaria sin distraernos de lo que resulta verdaderamente importante para el film.
X-Men: First Class es además un ejercicio interesante de reconstrucción de la atmosfera de los años sesenta, tanto la histórica en su acercamiento al suceso más “caliente” de la Guerra Fría, como la fílmica, manifestada sobre todo en los vestuarios y sets villanescos que recuerdan con complicidad a las primeras películas de James Bond.
 Si con Ironman y Thor no terminaba de quedar claro que Marvel se proponía un acercamiento más serio al cine de sus héroes, X-Men: First Class termina de demostrarlo.

3.5/5.0

Gracias por leer, son un público maravilloso
Gonza

lunes, 23 de mayo de 2011

we have to go back!

Ya traté de escribir sobre LOST antes. De hecho tengo un archivo Word en mi máquina con lo que intentó ser mi análisis/reflexión final sobre esta serie desde hace casi un año. El documento fue mutando con los meses, pasó de ser una hoja a ser trece, tres, diez, y creo que hoy, aún inconcluso, ronda las ocho hojas. Hay muchas partes del mismo que me gustan bastante: mi “explicación” de las implicancias apocalípticas para la raza humana al extinguirse la luz, mi estudio del personaje de Jack…pero la realidad es que, por donde lo mire, sigo pensando que nada que pueda escribir sobre LOST le hace justicia a la serie.
Sostengo con firmeza que hay un antes y un después de LOST en la televisión, y aún los detractores de la serie no podrán negar, cuando menos, que su impacto en la cultura popular es impresionante. Hacer un elogio de la serie en este blog está descartado, la gente que lo lee ya conoce mi opinión y mis sentimientos hacia la criatura de Lindelof y Cuse. Hacer una crítica objetiva también está descartado, no porque no pueda (aunque a veces me cuesta), sino porque no quiero, hoy para mí es un día afectivo, de recordar el mejor viaje televisivo que hice en mi vida (y que dudo sea alguna vez superado), así que…

Si saltaste del sillón con los brazos al aire cuando Hurley llega en la Dharma van a salvar a Sayid, Jin y Bernard…
Le gritaste “esaaaaaaa” a la pantalla cuando Jack tira a FLocke al agua (“John Locke told me I needed to stay”)…
Aplaudiste de pie a Sawyer disparándole a Mr. Friendly (“That´s for taking the kid of the raft”)...
Te ponés todo tenso cada vez que “Henry Gale” le cuenta su plan a Jack y Locke y en seguida les pide leche para los cereales...
Seguís despegando tu mandíbula del piso cada vez que pensás en el final de la tercera temporada…
Te recorre un escalofrío por la espalda y se te humedecen los ojos con el final de “Deus Ex Machina”…
Se te hace un nudo en la garganta pensando en los últimos momentos de Charlie…
Estuviste bajoneado varios días después de la muerte de Sun y Jin…
Te reís cada vez que te acordás de algún apodo de Sawyer…
Te diste cuenta que esta no era una serie como cualquier otra  cuando terminaste de ver “Walkabout”…


Si mirás cada boleto de bondi o número de panadería esperando que te toque cualquier combinación de 4, 8, 15, 16, 23, 42. Si extrañás pasar una semana debatiendo con tus amigos sobre lo qué pasó y lo que va a pasar. Si pensás en ponerte a charlar con desconocidos que te cruzas en la calle con una remera de Dharma. Si crees que “The Constant” es una de las mejores horas de la historia de la televisión. Si quisiste viajar siete meses adelante en el tiempo cuando terminó la 5ta temporada, solo para saber si funcionó hacer explotar la bomba. Si todavía llorás cuando ves llegar a Vincent a acompañar a Jack al final de “The End”…

…entonces, en palabras de Jacob, somos lo mismo…felíz aniversario para vos también, y hasta que encontremos otra cosa, let go..

See you in another life, brotha!
Gonza




lunes, 9 de mayo de 2011

the rite (el rito)


No es novedad que el cine de terror parece haber abandonado todo esfuerzo por llegar al público con una propuesta original, o por lo menos creativa, desde hace ya un buen tiempo. Salvando contadas excepciones (en general europeas), me cuento entre los que creen que desde The Blair Witch Project (1999), el género entró en un estado de coma del que todavía no ha salido, ni parece tener ganas de hacerlo. Pero existe un salto grande entre una película sin ideas originales, y otra que es directamente un collage hecho con retazos de argumentos de otras películas similares. Tristemente, The Rite se cuenta entre las segundas.
En The Rite, Michael Kovak (Colin O´Donoghue) es un joven sacerdote que cuestiona fuertemente su fe, motivo por el que es enviado a conocer a un veterano jesuita, Lucas Trevant (Anthony Hopkins), conocido en Roma por practicar exorcismos a diario. Trevant será el encargado de replantearle a Kovak el conflicto real y eterno entre el bien y el mal, Dios y el diablo, buscando que el joven recupere su fe mientras intentan salvar la vida de la niña Reagan que… ¿eh? ¿Cómo que no hay ningún personaje Reagan en esta película? ¿No estoy relatando el argumento de El Exorcista? Ok, creo que fui claro: The Rite es, esencialmente, un refrito de The Exorcist (1973) pero de mucha menor calidad, al igual que la gran mayoría de los filmes sobre posesión demoníaca que vinieron después (de los que The Rite también roba ideas). Quizás algo de culpa haya que asignarle a William Friedkin, director de The Exorcist, por haber lanzado el género con un standard tan alto. Lo cierto es que en comparación con la joyita de Friedkin, todas las películas de exorcismos palidecen, con algunos intentos un poco más nobles; The Exorcism of Emily Rose del 2005 por ejemplo, e intentos que no parecen siquiera intentarlo; The Rite como ejemplo de estos últimos.
Quizás uno de los problemas fundamentales de esta película sea la imposibilidad que tenemos los espectadores de conectar con la lucha interna de Kovak. La actuación de O´Donoghue es chata y por demás acartonada, superado en pobreza únicamente por Alice Braga que interpreta a una periodista que decide ayudar a Michael. En esta desconexión con el protagonista, nos vemos obligados a enfocar sentidos en otros lugares, tratando al menos de entrar en la dinámica tensa y atemorizante del enfrentamiento entre bien y mal, pero el terror no llega, y una premisa que debería jugar mucho más en el plano de lo psicológico y el clima a generar, se conforma con tres o cuatro sustos baratos más propios de un slasher que de una película de posesión demoníaca.
Hopkins, que es posiblemente el motivo por el que el 90% de la gente se acerca a esta película, está correcto como siempre, pero lejos de brillar como puede. Su interpretación de sacerdote poseído es menos atemorizante que cualquier escena en la piel de Hannibal Lecter (incluso de las secuelas) y el actor persiste además en agregar muletillas jocosas en momentos de tensión, creyendo por algún motivo que hacen al personaje más atemorizante. Este molesto hábito comenzó con el “okey dokey” de Hannibal (2001), y en esta oportunidad se le suman un “oopsie daisy” y alguna otra (prometo buscarla y agregarla a los comentarios). Me resulta incomprensible, y estimo que Hopkins sigue haciéndolo porque nadie se anima a decirle lo poco efectivo que resulta.
Hay un solo The Exorcist y probablemente nunca sea sustituido; podemos seguir viéndolo o darle oportunidades al nuevo cine de terror de sorprendernos. Ojala ocurra algún día, pero de momento, esto es lo que tenemos.

1.5/5.0

Gracias por leer, son un público endemoniado
Gonza

domingo, 8 de mayo de 2011

eddie vedder - ukulele songs


Sobre finales de los años 90, Eddie Vedder aprendió a tocar el ukelele bajo la tutela del gran Pete Townshend (The Who). Poco tiempo después, el Binaural de Pearl Jam nos regalaba “Soon Forget”, primera de muchas canciones que produciría este combo “Vedder+ukelele”, y muy sospechosamente similar al “Blue, Red and Grey” de Townshend. Ya  terminando el año 2000, cualquier seguidor obsesivo de la banda de Seattle (quien firma este blog, por ejemplo) tenía en su disco duro descargas de una buena cantidad de demos de Vedder jugando con su ukelele, instrumento por el que el cantante profesó gran amor: “el instrumento más melódico del mundo”, diría en varias oportunidades.
Más de diez años después, varios de aquellos demos encuentran su lugar en el segundo disco solista de Vedder: Ukulele Songs (en inglés, al ukelele nuestro le dicen ukulele); un trabajo prolijo y esencialmente parejo, con momentos de verdadero brillo de nuestro barítono preferido.
Es una broma recurrente en internet decir que Eddie Vedder puede ponerse a cantar el menú de un restaurante chino y emocionarte hasta las lágrimas. Continuando la línea de su anterior trabajo solista Into The Wild, Vedder explora los rincones de su voz que más acercan ese chiste online a una verdad irrefutable. Alejado de la dureza contundente que le exige ponerse al frente de una banda como Pearl Jam, Ukulele Songs nos acerca nuevamente al registro más bajo y dulce de quien hace algunos años se trepaba a las grúas de televisión para saltar sobre la audiencia. Canciones como "You´re True", "Satellite" o "Once in a While" ponen de manifiesto esta “dulzura” reflexiva, consecuencia obligada del paso del tiempo: ya no hace falta ocultar la profundidad detrás de los saltos y los gruñidos, algo que parecía lógico y necesario a los veinte años. Ya no hay miedo a exponer la profundidad sin esconderla detrás del overdrive de la guitarra. Toda la sensibilidad de un hombre como Vedder queda expuesta y desprotegida para que nosotros la apreciemos
Si existe un “problema” con Ukulele Songs, es lo limitante del instrumento en cuanto a variedad musical. Lo cierto es que, más allá de sus posibilidades melódicas, el ukelele solo puede ofrecer hasta cierto punto de posibilidades compositivas, y cuando se trata del único instrumento usado en el disco, puede tornarse por momentos reiterativo, algo así como escuchar una gran canción de media hora. Esto no es algo necesariamente malo (de ahí las comillas en “problema”), pero sí es posible que afecte la percepción de los grandes momentos del disco, que quedan opacados frente a la ausencia de novedad que presentan entre sí las canciones. La forma de rodear este obstáculo es con buenas letras y una excelente interpretación vocal. La parte de la voz es una garantía, y en los momentos del disco en que la escritura de Vedder está más inspirada somos gratos testigos de pura magia.
Reforzando esta idea de la “novedad”, se hace evidente que dos de los momentos más sobresalientes del disco son las colaboraciones: Cat Power entreteje a la perfección su voz con la de Eddie en la hermosa "Tonight You Belong To Me", mientras que "Sleepless Nights" es capaz de producir una respuesta física a la escucha (concretamente escalofríos) cuando Vedder y Glen Hansard cantan juntos el estribillo (una de las melodías más desgarradoras que ha compuesto Eddie en los últimos años). El cierre con "Dream A Little Dream" es otra belleza en la que el cantante parece homenajear a Tom Waits raspando la voz con un resultado que hace imposible no enamorarse de la canción.
Ukulele Songs ciertamente se hubiera beneficiado de una selección menor de canciones para maximizar su efecto, pero no deja de ser una joyita dentro del catalogo de uno de los mejores vocalistas de los últimos veinte años. Ya está comprado y espero su llegada a mi buzón con ansias, pero mientras tanto pueden relojearlo en el link de abajo…


3.5/5.0

Gracias por leer, son un público maravilloso
Gonza


martes, 12 de abril de 2011

la casa muda


La figura del “unreliable narrator” (narrador no confiable) ha dotado al cine y a la literatura de algunos de sus momentos más memorables (piensen nada más en el final de Memento, uno de mis favoritos, por poner un ejemplo). Se trata, como su nombre lo expresa con claridad, del uso de un narrador cuya credibilidad se encuentra por algún motivo comprometida. La revelación de esta situación constituye (en general) el “twist ending” que permite atar los cabos que en principio parecían sueltos y redescubrir o reinterpretar la historia. Pero como su nombre también expresa con claridad, la figura necesita de un narrador para funcionar: un personaje dentro de la historia o fuera de ella, pero personaje en fin. Entonces, ¿qué ocurre cuando se busca usar el recurso, pero sustituyendo al personaje narrador, por la propia cámara? Con varios aciertos y varios errores, Gustavo Hernández propone dar respuesta a esta pregunta en La Casa Muda.
Inspirada en un crimen sin resolver en la campaña uruguaya en los años 40, La Casa Muda relata los 78 minutos durante los que Laura (Florencia Colucci) intenta escapar de las personas o presencias que habitan la casa que debía refaccionar junto con su padre. Promocionada con la línea “miedo real en tiempo real”, la película adquirió gran notoriedad tiempo antes de su estreno por haber sido filmada enteramente con una cámara de fotos y en un único gran plano secuencia de 78 minutos (más un agregado posterior a los créditos). Y quizás su principal problema se encuentra precisamente en ocuparse demasiado de la forma dejando al azar el contenido. Hay que decirlo: en sus aspectos técnicos la película brilla. El trabajo de cámara parece imposible de realizar en un set que es una casa real y no un decorado, y aún así los movimientos de cámara resultan completamente impactantes, más aún cuando consideramos que responden a la vez al suspenso que deben generar y a la necesidad de la “toma única” (entre comillas, si. No quiero acusar a nadie de mentiroso pero hay cortes, por lo menos tres. Si de hecho no los hubiera no habría necesidad de un editor como el que figura en los créditos. De todas formas la continuidad no se ve afectada en ningún momento). Es esta proeza técnica sin embargo, que pone en evidencia la imposibilidad de transformar al “narrador no confiable” en un “observador no confiable” (la cámara). La Casa Muda es sin duda una heredera de The Blair Witch Project -1999- (la escena en la que Laura sale momentáneamente de la casa no puede ser, de hecho, nada menos que un homenaje), pero a diferencia de esta película (o de las más recientes entregas de Paranormal Activity), no parte de una premisa “documental”, de filmaciones encontradas o excusas similares; es decir: la cámara de fotos no está operada por ningún personaje que permita atestiguar la veracidad de lo que ocurre en la filmación (a los efectos del film, por supuesto). Al perder al camarógrafo como participe de la escena (puesto que Laura está supuestamente sola), tenemos que aceptar que el ojo que la mira es de una entidad externa (el director) y no presente en la escena. El recurso que Hernández elige entonces para maximizar el acercamiento “real” a la acción, es el que en definitiva lo condena desde el momento en que el director elige HACER TRAMPA, mostrando cosas que en realidad no están ocurriendo así como se las muestra (Hitchcock estaría horrorizado). Cuando en el esquema tradicional del narrador no confiable, el twist es revelado y la condición de “no confiable” del narrador se pone en evidencia, el espectador se permite reconstruir lo visto y resignificarlo desde la nueva óptica. Pero si el “twist” no llega de la mano de esta figura, como en el caso de La Casa Muda, se nos priva de los elementos necesarios para reconstruir la historia, y la sensación final es de confusión y de haber sido engañados, pero sin la recompensa habitual de poder descifrar los lugares del engaño (al menos no de primera mano).
No es, de todas formas, una experiencia terrible, puesto que como película de terror, La Casa Muda funciona por momentos muy bien (con 3 ó 4 ocasiones MUY efectivas) y como experimento de forma es realmente interesante, sobre todo para un mercado como el uruguayo. Aún así, algo falta…

2.5/5.0

Gracias por leer, son un público maravilloso
Gonza